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La Laguna de Sonso no es solo un espejo de agua:
es un cuerpo vivo que respira al ritmo del territorio, de la vida que hace posible y de las comunidades humanas anfibias que lo han habitado. Es el ombligo que nos ancla a la memoria de un valle que fue mar, un territorio en disputa donde la vida resiste al avance del monocultivo, y una semilla de futuro que nos invita a imaginar, juntos, otros mundos posibles
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